La llibreria Índex de Vilassar de Mar obre una col·lecció de llibres amb ‘Cuaderno de Coyoacán’

Text: Redacció
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Amb la publicació d’aquesta obra, s’ha posat en marxa el projecte Índex Edita, de la Llibreria Índex de Vilassar de Mar. L’objectiu dels promotors de la iniciativa cultural és publicar els treballs d’autors de la comarca i distribuir-los en l’entorn maresmenc.

Pel que fa a ‘Cuaderno de Coyoacán’, d’Anna Lleonart Miró (Mataró, 1967), és el nou llibre de l’autora de ‘Mi marido, su velero y yo’, obra guanyadora del III Premi Nostromo. Amb el seu nou treball literari, l’escriptora planteja dues històries en paral·lel en què es qüestiona el procés de l’adopció internacional d’un infant, en el marc d’haver de conviure en una cultura diferents a la nostra i de la Ciutat de Mèxic, amb una gran forta i presència a la novel·la. Amb ‘Cuaderno de Coyoacán’, s’explica al lector la història d’una adopció i de l’abisme que hi ha entre el desig i la realitat.

Un petit fragment de CUADERNO DE COYOACÁN

“El avión aterrizó en el aeropuerto del DF a las ocho de la tarde de un sábado prenavideño. Ya era de noche y Carmen vio tras el cristal una inmensa extensión de luces anaranjadas, como si el cielo cuajado de estrellas se reflejara entero sobre un lago de aguas oxidadas. Le retornó la idea recurrente de las últimas semana de que vivía en un sueño, no sabía decir si bueno o si malo, pero sabía que en cualquier momento iba a sentir el alivio del despertar. Entonces notó las ruedas posándose sobre el suelo de la pista a velocidad desbocada, notó el frenazo largo y sostenido que desaceleraba el avión, y notó el hedor ácido a orines que la inercia escapaba de los lavabos saturados, ese olor real y palpable que siempre le sobrevenía en el aterrizaje tras un largo vuelo y que provocaba las burlas de Jorge, que afirmaba que para él todos los aterrizajes eran igual de inodoros. Y era al reconocer esas contadas realidades que Carmen se decía que seguía viviendo en su vida de todos los días, aunque el hombre que se levantaba del asiento a su lado y abría el compartimiento sobre su cabeza estaba a punto de dejar de ser su marido de todos los días, si no lo había dejado de ser ya. Y ese mismo hombre, al que reconocía como Jorge, le regalaba junto con el neceser azul que también reconocía como suyo la sonrisa más perdedora y nostálgica que le había visto jamás”.

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